Cuando empezó la pandemia quedé confinada en un piso del Poblesec, encantador barrio de Barcelona. Una de las cosas que nos ayudó a respirar fue tener una terraza con vistas maravillosas, de modo que cuando hacía sol subía a dibujar toda la panorámica a tinta china, en una libreta de formato acordeón. Éste es el resultado.

